Sainte-Marie de Campan, Col du Tourmalet, Lourdes, Lestelle-Bétharram y Asaasp-Arros

Pasar la frontera, estar en otro país, ya no estamos en nuestras tierras, eso "nos hace sentirnos otros", sentirnos como en casa pero con otro idioma, otras comidas diferentes e incluso una arquitectura diferente.

Nuestro paso por los Pirineos franceses, un paso lleno de ciclistas, autocaravanas, gente increíble y fondos impresionantes.

Subir al Col du Tourmalet, 2.115 metros, mirar, disfrutar y ver cabras, ovejas, vacas y ciclistas, precioso. Lo conocíamos por el Tour de Francia, ahora lo hemos conocido en nuestro viaje.

Buscamos un lugar donde quedarnos, y nuestra sorpresa francesa fue encontrar que en casi todos las comarcas tienes espacio para acampar, instalar tu autocaravana, pasar la noche a la intemperie.
Estuvimos "hospedados" en Sainte-Marie de Campan, a la rivera del río, con nuestro salón en la puerta, todo lleno de vegetación y vecinos increíbles.

Un pueblecito con mucho encanto, todo cuidado, limpio, lleno de flores y casas preciosas.
Dormimos y descansamos dispuestos a pasar por nuestro tercer Santuario obligatorio.

Llegar a Lourdes, encontrarte con este mural en un edificio, un grafiti bestial de San Juan Pablo y el Papa Benedicto XVI, toda una apertura a un lugar santo.

Teníamos muchas ganas de conocer este Santuario, era el único que veníamos a ciegas, no lo conocíamos, los otros dos, Torreciudad y el Pilar, sí habíamos estado.

Sólo sabíamos que queríamos verla a Ella.
Hemos ido en familia, hemos podido conocer el terruño y hemos podido rezar, acompañar y sentirnos mimados.

Y el lugar no nos ha defraudado, un entorno grande, lleno de recovecos, capillas, iglesias, salas y zonas donde poder tener tu rato espiritual.

Dar paseos, encontrarte a tus hijos hablando entre ellos y darte cuenta que van rezando y sienten que esas personas que van a su lado necesitan también de ellos.

Cada rincón que te encuentras te llama a la oración.

Las fuentes con "agua milagrosa" que viene de la gruta de la Virgen te invitan a beber y beber agua.
Un montón de grifos dejan que te puedas llevar agua, beber y saciarte.

De estos días los niños y nosotros estamos llenos de picaduras de mosquitos, granitos de ortigas, arañazos de zarzas...
Los niños se tomaron tan en serio que la Virgen les ayuda con su agua, que les pillamos dándose con agua en las piernas, en los brazos y en la cara, salieron empapados, pero dejaron de quejarse y rascarse por unas horas.

Salir del Santuario y encontrarte con un montón de tiendas donde puedes hacerte con todo lo que quieras.

Nosotros alucinamos con la cantidad de tiendas, calles comerciales y hoteles, y pocos espacios donde poder tomarte algo.

Vírgenes, imágenes, rosarios, botes para agua...

Mirar hacia delante y encontrarte con mucha gente, mirar hacia abajo y ver tiendas y tiendas, mirar hacia arriba y ver balconadas grandiosas.

Fachadas francesas que te llevan a otro tiempo.

No nos podíamos ir de Francia sin tomarnos un creppe, nos recordó tanto a nuestro viaje a París en su día, que recordar este momento con los niños ha sido increíble.

Nos fuimos de Lourdes, con el alma llena y con ilusión por encontrar otro paraje donde descansar.
Pasamos por Lestelle-Bétharram, y sus iglesias de diferentes estilos y en diferentes alturas por las montañas nos dejó perplejos.

Parar en un lago, con su agua, sus zonas verdes, un montón de autocaravanas, merenderos y muchos patos.

Eso fue un mini paraíso, eso fue Asaasp-Arros.

¡¡Siete patos para siete Pompas!!

De verdad que nos sentimos muy mimados y guiados en este viaje.
Volvemos de tierras francesas deseando volver y dedicarnos en pleno a ellas.

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