Campos rojos, campos de amapolas

Si algo nos gusta de la primavera es la explosión de color,
cómo renacen las flores,
cómo nos quitamos los jerseys y sacamos las manos de los bolsillos...

Hace unos años hablábamos con los niños que cuando éramos pequeños
era muy normal ver extensiones de campos rojos,
llenos de amapolas, donde poder colarte y saltar como una cabra.

Y comentamos cada uno de qué color nos gustaría encontrarnos el campo:
Papá blanco; mamá rojo; Santi verde; María morado;
Pepe amarillo; Pablo naranja; Mateo no se sabía los colores.

Poco a poco hemos ido consiguiendo ver esos colores en la naturaleza,
hemos visto campos morados en Brihuega en una ocasión y volvimos en otra ocasión,
y esta vez hemos conseguido encontrar campos de amapolas.

Disfrutamos cogiendo flores, unas poquitas,
buscando mariquitas...

Esta extensión en concreto era un campo de guisantes abandonado,
por eso pudimos entrar y disfrutar.
Los niños disfrutaron abriendo vainas,
sacando los frutos y recolectando para sembrarlos en nuestro huerto.

Otro juego fue averiguar de qué color era la flor del capullo.
¿Sabéis que las amapolas cuando no han salido pueden ser blancas, rosas o rojas?
Pero después se vuelven rojas.

Si algo disfrutamos y mucho fue saltando, manchándonos,
recolectando, fotografiando y jugando.
Porque los mejores planes son los que te conviertes en un niño como ellos.

Pocas fotos tenemos nuestras y ésta es un gran recuerdo.
¡¡Gracias Miriam!!

Mamá con todos.

Papá con todos.

Ir en busca de campos rojos fue una aventura,
y esta vez fuimos muy bien acompañados,
Miriam, Paolo, Cata y Luca fueron nuestros grandes aliados.
Gracias por compartir con nosotros este #MomentosPompas.

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